25 de febrero de 2010

Orlando Zapata Tamayo
(segundo desde la izquierda), poco antes de su arresto en 2003, junto a Marta
Beatriz Roque, Félix Bonne Carcassés, René Gómez Manzano y Nelson Aguiar
Muere prisionero de consciencia en huelga de hambre
La Habana. El preso de consciencia
Orlando Zapata Tamayo
falleció en La Habana tras 87 días en huelga de hambre, informa
el corresponsal de la agencia EFE en la capital cubana Mauricio
Vicent. La información
publicada en la mañana del 24 de febrero
por el diario El País, señala que el disidente cubano de 42
años y encarcelado en el 2003 falleció a la 1 de la tarde de
ayer 7 de la noche hora de España. Orlando Zapata Tamayo, había
estado empeorando su estado de salud en los últimos días y sólo
en las últimas horas fue llevado al Hospital Hermanos Amejeiras
de La Habana donde falleció horas después. La muerte de este
opositor tiene como antecedente la del líder estudiantil Pedro
Luis Boitel, “la diferencia es que entonces nadie se enteró,
esto ahora va a ser un escándalo”, señaló Elizardo Sánchez de la
Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.
Zapata Tamayo nació el 15
de mayo de 1967 en Santiago
de Cuba. Era albañil
y plomero, e integrante
del Movimiento Alternativa Republicana.
Fue uno de los promotores de la peña del parque
Central. Estuvo recluido en la prisión de máxima seguridad de
Guanajay, en Ciudad de la Habana, después de haber sido detenido
en la vía pública el 6 de diciembre del 2002 por agentes de la
policía política cubana, acusado por el supuesto delito de
Desacato. Fue excarcelado el 7 de marzo del 2003, sólo para ser
detenido nuevamente el día 20 del mismo mes en la Calle Humboldt
#157 e/ O y P, Vedado, donde participaba en un ayuno junto a la
Licenciada Martha Beatriz Roque Cabello y 4 ayunantes más,
pidiendo libertad para
los presos políticos. Fue enjuiciado el 18 de
mayo de 2004 y condenado a 3 años de prisión,
la que fue aumentada en diversas ocasiones.
Cumplía su condena en la penitenciaría de Guanajay en provincia
Habana, hasta que el 15 de enero del 2005 fue trasladado para la
prisión Taco-Taco, en la provincia de Pinar del Río.
Incluimos información adicional
para nuestros lectores:
Comunicado de prensa de
Amnistía Internacional
24
de febrero de 2010 La muerte de un preso de conciencia cubano
en huelga de hambre debe liderar un cambio Tras la muerte de un
activista político en huelga de hambre, Amnistía Internacional
ha instado al presidente cubano Raúl Castro a poner en libertad
inmediata e incondicional a todos los presos de conciencia.
Según se ha informado, Orlando Zapata Tamayo, antes de morir en
La Habana el lunes, llevaba varias semanas en huelga de hambre
en protesta por las condiciones de reclusión. “La trágica muerte
de Orlando Zapata Tamayo es un terrible ejemplo de la
desesperación a la que se enfrentan los presos de conciencia que
no albergan esperanzas de ser liberados de su injusto y
prolongado encarcelamiento”, ha manifestado Gerardo Ducos,
investigador de Amnistía Internacional sobre el Caribe. “Debe
llevarse a cabo una investigación completa para determinar si en
su muerte pueden haber intervenido los malos tratos”, ha añadido
Amnistía Internacional. Orlando Zapata Tamayo fue detenido en
marzo de 2003, y en mayo de 2004 fue condenado a tres años de
prisión por “desacato”, “desórdenes públicos” y “resistencia”.
Posteriormente fue sometido a varios juicios por cargos
adicionales de “desobediencia” y “desórdenes en establecimientos
penitenciarios”, el último de ellos en mayo de 2009, y en el
momento de su muerte cumplía una condena total de 36 años de
prisión. “El hecho de que Orlando Zapata Tamayo, al verse ante
una pena de prisión tan prolongada, sintiera que el único
camino que le quedaba era matarse de hambre como protesta
constituye una denuncia terrible de la constante represión que
sufren los disidentes políticos en Cuba.” “La muerte de Orlando
Zapata subraya también la urgente necesidad de que Cuba invite a
expertos internacionales en derechos humanos a visitar el país
para verificar que se respetan los derechos humanos, en especial
las obligaciones establecidas por el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos.” Información complementaria
Orlando Zapata Tamayo era uno de los 55 presos de conciencia
adoptados por Amnistía Internacional en Cuba. La mayoría
formaban parte de las 75 personas detenidas durante la oleada
masiva de represión emprendida por las autoridades en marzo de
2003 contra los activistas políticos. En Cuba, sin un poder
judicial independiente, los juicios son a menudo sumarios e
incumplen gravemente las normas internacionales sobre juicios
justos; una vez dictada la sentencia, las posibilidades de
apelar son prácticamente nulas.
http://www.amnesty.org/news-and-updates/death-cuban-prisoner-conscience-hunger-strike-must-herald-change-2010-02-24
Reporteros sin Fronteras
se expresa sobre la muerte de Orlando Zapata Tamayo
Un
muerto y, ¿después?
Orlando Zapata Tamayo tenía 42 años.
Miembro del Directorio Democrático Cubano, una organización
civil ilegal, fue arrestado en 2003 y condenado por
“desorden público”. En protesta por las condiciones de su
detención, estaba en huelga de hambre desde hacía 80 días; murió
el 23 de febrero de 2010.
Orlando Zapata Tamayo fue encarcelado el
mismo año que el “grupo de los 75”, número de disidentes,
periodistas y activistas en favor de la democracia y de los
derechos humanos arrestados en una ola de represión conocida
como “Primavera negra”. Nuestro corresponsal, Ricardo González
Alfonso, es uno de los 19 periodistas que aún en prisión, que
fueron detenidos en esta época.
Un muerto. Y 200 prisioneros políticos. La
voluntad de apertura de Raúl Castro al comienzo de la sucesión
dinástica fue bien anunciada. Los acercamientos diplomáticos, la
firma de dos pactos de la ONU sobre los derechos civiles y
políticos, el levantamiento de las sanciones políticas de la
Unión Europea, el retorno al diálogo con Washington tras la
investidura de Barack Obama, los signos parecían prometedores
tras años de política de aislamiento encarnada por un embargo
absurdo, injusto para los cubanos, pero útil para el régimen.
Mientras que las autoridades de La Habana
se movilizan al máximo por cinco de sus funcionarios detenidos
en Estados Unidos, tras haberles olvidado durante nueve años,
los prisioneros de la isla esperan… o mueren. Unos bajo el
merecido título de “héroes”; otros, bajo el oprobio de
“contrarrevolucionarios”. Así, una tiranía agonizante que
precipita su caída sin honor. Primer y no único escándalo.
El otro escándalo es el silencio, de la
complacencia. Más grave aún: aquellos mismos que combatían la
dictadura en su país, no encuentran aparentemente nada a decir
sobre lo que le pasa a Cuba desde hace 50 años. En Cancún,
México, América Latina intentó establecer una organización
interregional más allá de la tutela de Estados Unidos que tanto
mal le ha hecho. Es afortunado y deseable, la democracia
latinoamericana avanza en la búsqueda de una unidad, toma cuerpo
en una verdadera alternancia electoral, la reconquista de
recursos largo tiempo usurpados, pero también el examen de un
pasado doloroso. En Argentina, Bolivia, Uruguay, incluso en
Brasil, encontramos archivos de otras épocas dictatoriales. En
dondequiera se condena el golpe de Estado en Honduras, su
legalización por un sufragio dudoso, la represión desatada
contra los periodistas de oposición y los defensores de los
derechos humanos. Ahora, a este grupo de países latinos, Cuba se
suma sin rendir cuentas. Peor aún, nadie se las reclama.
La democracia marca ciertas pautas, pero
una curiosa excepción dispensa a Cuba de ellos. Lo dirigentes
cubanos tomaron el poder por la fuerza, nunca fueron elegidos.
Cierto, derrocaron una dictadura y dieron a luz una
“revolución”. La palabra es un argumento y parece bastarse a sí
misma. Por otra parte, América Latina, donde se celebran ahora
revoluciones por las urnas y las libertades fundamentales se
adquieren integralmente, la contradicción es evidente, pero el
símbolo cubano impone no decir nada. Nada de los prisioneros
políticos. Nada de la represión contra las opiniones disidentes
o una información plural. Nada de las prohibiciones de salir del
territorio.
Sindicalista y víctima de los militares en
el pasado, el presidente brasileño Lula, ¿no tiene realmente
nada que decir cuando un opositor cubano muere en prisión? Él
podría. Debería. Pero en Cuba, tratándose de la
“revolución”, se prohíben todas las injerencias y se autorizan
todas las hipocresías. La liturgia del régimen hace el resto.
Criticar el Estado cubano y su funcionamiento es insultar el
país y se convierte en una maniobra emprendida por Estados
Unidos. Denunciar la encarcelación Ricardo González Alfonso o la
muerte de Orlando Zapata Tamayo, es defender a “un
mercenario del imperio” que quería reescribir la historia de
Bahía de Cochinos. Otorgar el prestigioso premio español Ortega
y Gasset, a la bloguera cubana Yoani Sánchez, es urdir un
complot motivado por la nostalgia colonial. Preguntar cuándo los
cubanos podrán al fin elegir a sus dirigentes, es olvidar que
Gran Bretaña y Suecia son monarquías. Irrisoria mala fe de un
régimen que no puede más que insultar para defenderse o invertir
el estigma para reivindicarse. Un régimen a veces atacado de
mala manera y defendido por malas razones. Víctima de esos
mismos que creían conjurar el fin. Como si el país debiera
desaparecer al mismo tiempo que su actual Consejo de Estado. Sin
embargo, la evidencia está allí. Habrá Cuba después de Castro, y
habrá que contar con los disidentes de ayer. El país rendirá el
homenaje que merece a Orlando Zapata Tamayo.
Jean-François Julliard, Secretario General
de Reporteros sin Fronteras
Benoît Hervieu, despacho de las Américas de
Reporteros sin Fronteras