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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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RAÚL CASTRO Y LA TROMPETILLA Por: Luis B González
¡La tierra está ahí, aquí están los cubanos, veremos si
trabajamos o no, si producimos o no, si cumplimos nuestra palabra o no! No es
cuestión de gritar Patria o Muerte, abajo el imperialismo,, el bloqueo nos
golpea y la tierra ahí, esperando por nuestro sudor. A pesar de que los calores
son cada vez mayores, no queda más remedio que hacerla producir. Creo que
estamos de acuerdo. Su ausencia de contacto con el trabajo productivo se descubre en una frase del absurdo párrafo: “no hay mas remedio que hacerla producir”. El sentido de producir, de ser útil, de crear es una necesidad del espíritu en el hombre libre y solo, personajes como usted que vivieron siempre a la sombra de algún benefactor, padre o hermano, que no han sentido lo que es el sudor del trabajo honesto y la satisfacción de la obra propia realizada, pueden expresar sin sonrojo tamaña estupidez. Sus palabras resultan en primer lugar una expresión de escarnio al campesino cubano cuando pretende, que un sistema de explotación en usufructo de la tierra, cuyos frutos tienen un solo comprador en el estado totalitario, pueda ser acicate motivador para el trabajo productivo en sustitución de un sistema de propiedad privada donde la tierra pertenece en todos sus atributos a quien la trabaja con libertad de mercado para la distribución de sus frutos. Así es de sencillo y no sorprende que el gigantesco coro de trompetillas se viera enriquecido con igual sonora expresión producida por la boca en manos de los hombres y mujeres que esclavizados, sin derechos ni recursos viven miserables en los marginados campos de nuestro país. Hace apenas un ano la furia de tres huracanes y la destrucción material por ellos causada, dieron la oportunidad de mostrar, en respuesta a la incapacidad y limitaciones de su gobierno para manejar la crisis, la solidaridad del pueblo cubano como fuerza para superarla. La ayuda del exilio, que llegaba sin consideraciones de raza, religión o filiación política, era recibida en las distintas comunidades de la Isla con humilde dignidad y orgullo de su procedencia. Resulta una pequenez solo posible en usted que esa innegable expresión de solidaridad de la diáspora cubana con su pueblo se reduzca a una ayuda entregada de “lo que le sobra”.
Pero el gesto de mayor rechazo estuvo impedido de producirse. Solo cabe en la imaginación el estruendo alargado, profundo de la trompetilla que el general Arnaldo Ochoa le hubiera lanzado en su propia cara. El hijo de humildes guajiros de Cacocum fue llevado al paredón de fusilamiento en un proceso donde su traición al amigo en sumisión a la siniestra voluntad de su hermano Fidel Castro lo marcaron para siempre en la historia. En los cuarteles del MINFAR y del MINIT se sabe de estas cosas, se respeta a los verdaderos hombres y usted Raul Castro sabe que de ellos será la trompetilla final. Nadie mejor que nuestro “bloggera” nacional Yoani Sánchez para describir el final del desgraciado evento.
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