Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 

 

Fuera del juego (1968)

Nota del editor Web:  Esta es una selección de poemas del libro "Fuera del juego" premio Casa de Las Américas, y que reveló a muchos la verdadera naturaleza represiva del castrismo.
 

POÉTICA
 

Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.
 

EN TIEMPOS DIFÍCILES
 

A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una epoca dificil
nada hay mejor que un par de buenas manos.
Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lagrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.
Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmacion, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos dificiles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construccion o la trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió de mno,
con su árbol obediente.
Le pidieron el pecho, el corazon, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.
Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles esta es, sin duda, la prueba decisiva.


 

EL DISCURSO DEL MÉTODO
 

Si después que termina el bombardeo,
andando sobre la hierba que puede crecer lo mismo
entre las ruinas
      que en el sombrero de tu Obispo,
eres capaz (lo imaginar que no estás viendo
lo que se va a plantar irremediablemente delante de tus ojos,
      o que no estás oyendo
lo que tendrás que oír durante mucho tiempo todavía;
      o (lo que es peor)
piensas que será suficiente la astucia o el buen juicio
para evitar que un día, al entrar en tu casa,
sólo encuentres un sillón destruido, con un montón
      de libros rotos,
      yo le aconsejo que corras enseguida,
      que busques un pasaporte,
      alguna contraseña,
      un hijo enclenque, cualquier cosa
que puedan justificarte ante una policía por el momento torpe
      (porque ahora está formada
      de campesinos y peones)
y que te largues de una vez y palo siempre.
Huye por la escalera del jardín
      (que no te vea nadie).
No cojas nada.

No servirán de nada

ni un abrigo, ni un guante, ni un apellido,
ni un lingote de oro, ni un título borroso.

No pierdas tiempo

enterrando joyas en las paredes

(las van a descubrir de cualquier modo).

No te pongas a guardar escrituras en los sótanos

(las localizarán después los milicianos).

Ten desconfianza de la mejor criada.
No le entregues las llaves al chofer, no le confíes
la perra al jardinero.
No te ilusiones con las noticias de onda corta.

Párate ante el espejo más alto de la sala, tranquilamente,

y contempla tu vida,
y contémplate ahora como eres
porque ésta será la última vez.

Ya están quitando las barricadas de los parques.
Ya los asaltadores del poder están subiendo a la tribuna.
Ya el perro, el jardinero, el chofer, la criada

están allí aplaudiendo.
 

ORACIÓN PARA EL FIN DE SIGLO

 

Nosotros que hemos mirado siempre con ironía e indulgencia
      los objetos abigarrados del fin de siglo: las construcciones
      trabadas en oscuras levitas. Nosotros para quienes el fin de siglo fue a lo sumo
      un grabado y una oración francesa.
Nosotros que creíamos que al final de cien años sólo había
      un pájaro negro que levantaba la cofia de una abuela.
Nosotros que hemos visto el derrumbe de los parlamentos
      y el culo remendado del liberalismo.
Nosotros que aprendimos a desconfiar de los mitos ilustres
      y a quienes nos parece absolutamente imposible
      (inhabitable)
      una sala de candelabros,
      una cortina
      y una silla Luis XV.

Nosotros, hijos y nietos ya de terroristas melancólicos
      y de científicos supersticiosos,
      que sabemos que en el día de hoy está el error
      que alguien habrá de condenar mañana.
Nosotros, que estamos viviendo los últimos años
      de este siglo,
      deambulamos, incapaces de improvisar un movimiento
      que no haya sido concertado;
      gesticulamos en un espacio más restringido
      que el de las líneas de un grabado;
      nos ponemos las oscuras levitas
      como si fuéramos a asistir a un parlamento,
      ientras los candelabros saltan por la cornisa
      y los pájaros negros
      rompen la cofia de esta muchacha de voz ronca.

 

LOS POETAS CUBANOS YA NO SUEÑAN
 

Los poetas cubanos ya no sueñan
                        (ni siquiera en la noche).

Van a cerrar la puerta para escribir a solas
cuando cruje, de pronto, la madera;
el viento los empuja al garete;
unas manos los cogen por los hombros,
los voltean,
            los ponen frente a frente a otras caras
(hundidas en pantanos, ardiendo en el napalm)
y el mundo encima de sus bocas fluye
y está obligado el ojo a ver, a ver, a ver.

 

CADA VEZ QUE REGRESO DE ALGÚN VIAJE
 

Cada vez que regreso de algún viaje
me advierten mis amigos que a mi lado se oye un gran estruendo.
Y no es porque declare con aire soñador
lo hermoso que es el mundo
o gesticule como si anduviera
aún bajo el acueducto romano de Segovia.
Puede ocurrir que llegue
sin agujero en los zapatos,
que mi corbata tenga otro color,
que mi pelo encanezca,
que todas las muchachas recostadas en mi hombro
dejen en mi pecho su temblor,
que esté pegando gritos o se hayan vuelto
definitivamente sordos mis amigos.

 

EL HOMBRE AL MARGEN
 

Él no es el hombre que salta la barrera
sintiéndose ya cogido por su tiempo, ni el fugitivo
oculto en el vagón que jadea
o que huye entre los terroristas, ni el pobre
hombre del pasaporte cancelado
que está siempre acechando una frontera.
Él vive más acá del heroísmo
(en esa parte oscura);
pero no se perturba; no se extraña.
No quiere ser un héroe,
ni siquiera el romántico alrededor de quien
pudiera tejerse una leyenda;
pero está condenado a esta vida y, lo que más le aterra,
fatalmente condenado a su época.
Es un decapitado en la alta noche, que va de un cuarto al otro,
como un enorme viento que apenas sobrevive con el viento de afuera.
Cada mañana recomienza
(a la manera de los actores italianos).
Se para en seco como si alguien le arrebatara el personaje.
Ningún espejo
             se atrevería a copiar
este labio caído, esta sabiduría en bancarrota.

 

PARA ACONSEJAR A UNA DAMA
 

¿Y si empezara por aceptar algunos hechos
como ha aceptado —es un ejemplo— a ese negro becado
que mea desafiante en su jardín?

Ah, mi señora: por más que baje las cortinas; por más
que oculte la cara solterona; por más que llene
de perras y de gatas esa recalcitrante soledad; por más
que corte los hilos del teléfono
que resuena espantoso en la casa vacía;
por más que sueñe y rabie
no podrá usted borrar la realidad.

Atrévase.
Abra las ventanas de par en par. Quítese el maquillaje
y la bata de dormir y quédese en cueros
como vino usted al mundo.
Echese ahí, gata de la penumbra, recelosa, a esperar.
Aúlle con todos los pulmones.
La cerca es corta; es fácil de saltar,
y en los albergues duermen los estudiantes.
Despiértelos.
Quémese en el proceso, gata o alción; no importa.
Meta a un becado en la cama.
Que sus muslos ilustren la lucha de contrarios.
Que su lengua sea más hábil que toda la dialéctica.
Salga usted vencedora de esta lucha de clases.

 

SIEMPRE HE VIVIDO EN CUBA
 

Yo vivo en Cuba. Siempre
he vivido en Cuba. Esos años de vagar
por el mundo de que tanto han hablado,
son mis mentiras, mis falsificaciones.

Porque yo siempre he estado en Cuba.

Y es cierto
que hubo días de la Revolución
en que la Isla pudo estallar entre las olas;
pero en los aeropuertos,
en los sitios que estuve
sentí
        que me gritaban
                                    por mi nombre
y al responder
ya estaba en esta orilla
sudando,
                andando,
                                en mangas de camisa,
ebrio de viento y de follaje,
cuando el sol y el mar trepan a las terrazas
y cantan su aleluya.

 

DICEN LOS VIEJOS BARDOS
 

No lo olvides, poeta.
En cualquier sitio y época
en que hagas o en que sufras la Historia,
siempre estará acechándote algún poema peligroso.

 

SOBRE LOS HÉROES
 

A los héroes
siempre se les está esperando,
porque son clandestinos
y trastornan el orden de las cosas.
Aparecen un día
fatigados y roncos
en los tanques de guerra,
cubiertos por el polvo del camino,
haciendo ruido con las botas.
Los héroes no dialogan,
pero planean con emoción
la vida fascinante de mañana.
Los héroes nos dirigen
y nos ponen delante del asombro del mundo.
Nos otorgan incluso
su parte de Inmortales.
Batallan
con nuestra soledad
y nuestros vituperios.
Modifican a su modo el terror.
Y al final nos imponen
la furiosa esperanza.

 

MIS AMIGOS NO DEBERÍAN EXIGIRME
 

Mis amigos no deberían exigirme
que rechace estos símbolos perplejos
que han asaltado mi cultura.

(Ellos afirman que es inglesa.)

No deberían exigirme
que me quite la máscara de guerra,
que no avance orgulloso sobre esta isla de coral.

Pero yo, en realidad, voy como puedo.
Si ando muy lejos debe ser porque el mundo
lo decide.

Pero ellos no deberían exigirme
que levante otro árbol de sentencias
sobre la soledad de los niños casuales.

Yo rechazo su terca persuasión de última hora,
las emboscadas que me han tendido.
Que de una vez aprendan que sólo siento amor
por el desobediente de los poemas sin ataduras
que están entrando en la gran marcha
donde camina el que suscribe,
como un buen rey, al frente.

 


 

ESE HOMBRE
 

A J. Fucik
 

El amor, la tristeza, la guerra
abren su puerta cada día, brincan
sobre su cama
                         y él no les dice nada.
Cogen su perro y lo degüellan, lo tiran
a un rincón
                         y no les dice nada.
Dejan su pecho hundido
a culatazos
                        y no dice nada.
Casi lo entierran
vivo
                        y no les dice nada.

¿Él qué puede decirles?
Aunque lo hagan echar espuma
por la boca,
él lucha, él vive,
él preña a sus mujeres,
contradice la muerte a cada instante.
 

Los pinos nuevos
Heberto Padilla